Premio José Luis Alvite

D. Mariano Gómez-Ulla, Presidente del Club Financiero, acompaña a nuestro socio Carlos Luis Rodríguez, en la entrega del premio José Luis Alvite que concede cada año la Asociación de Periodistas de Galicia

 

Dircurso de Carlos Luis

Los premios como este que no se conceden a título póstumo tienen una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que el premiado está vivo; el inconveniente, que tiene la obligación de hablar. Cumplo por lo tanto con este compromiso.

Se debe a la perspicacia de Arturo Maneiro, presidente de nuestra Asociación, que este acto se celebre en una plaza que tiene nombre de periodista. Porque periodista fue Miguel de Cervantes y netamente periodística su obra más famosa. El Quijote es un reportaje o si quieren una serie de reportajes que tienen de protagonistas a dos personajes tan reales como Alonso Quijano y sancho Panza. De no haber sido por la pluma de nuestro colega esa pareja hubiera quedado inédita. Sólo alguna gente de algún lugar de La Mancha hubiese conocido sus nombres.

No está en manos de cualquier columnista concederle la inmortalidad a los personajes o situaciones que retrata. Pero ala menos intentamos escribir una historia cotidiana que rescate del olvido la parte del mundo sobre la que nos toca escribir. Cervantes lo logró pero no fue ni mucho menos el primer periodista de la historia. Antes que él ya hubo muchos otros aunque se les siga llamando historiadores, cronistas o escritores.

Si ustedes cambian la perspectiva, parece claro que tanto Homero como Julio César son excelentes corresponsales de guerra. Nadie podría igualarlos en su descripción de la guerra de Troya o la guerra de las Galias. ¿Quén puede asegurar que El Escriba Sentado de el Louvre no fuera un periodista que vivió hace cuatro mil años? A comienzos de nuestra era brillron cuatro columnistas llamados Juan, Lucas, Marcos Y matero. Quue les llamemos también evangelistas no impide considerarlos, con todos los respetos, antiguos compañeros de profesión. Son autores de unas de las columnas más leídas e interpretadas.

Podríamos seguir. El Códice Calixtino no es otra cosa que periodismo. Y si pasamos del periodismo escrito al gráfico, no es difícil mantener que en las cuevas de Altamira un lejano reportero plasmó la realidad de su entorno, igual que hacen hoy tantos compañeros. Quiero decirles con esto que periodistas y columnistas han existido siempre. No sabemos su nombre pero quizá tras el famoso árbol del jardín del Eden, había uno tomando nota de lo que pasaba para enviar crónica antes de la hora de cierre. Nos lo podemos imaginar pidiendo un poco de tiempo a su director para saber si finalmente comían o no de la manzana. Como huebiese cambiado la historia de haberse confundido en el relato.

En consecuencia aquí se está premiando a un miembro de uno de los oficios más antiguos del mundo. No es cuestión de discutir si éste  o el otro es el que tiene más trienios. El caso es que se han utilizado diversos paralelismos para explicar lo que somos los articulistas. Se ha dicho con reiteración que somos notarios de la actualidad, pero la distancia entre el periodismo y la notaría es sideral. El notario da fe; nosotros sólo dudas, sugerencias y en ocasiones errores.

Más acertada parece la analogía del maestro Julio Camba. Prefiere asimilarnos a los peluqueros, o barberos como decía en su época. Tenemos que tratar con muchas cabezas. Debemos dar conversación aparentando que sabemos cosas que ignoramos y que ignoramos cosas que sabemos. Hemos de utilizar la navaja con cuidado de no lastimar. Y en ocasiones recurrimos al jabón. Camba acierta y además representa un modelo de columnista alérgico a la solemnidad y la grandilocuencia.

Ningún oficio coma o noso foi tan maltratado polos mitos e tópicos. Non pouca xente veu no episodio do Watergate o momento culminante do periodismo e o columnismo. Dacordo coa versión mais cinematográfica pero non mais certa, dous periodistas pelexan contra todo tipo de poderes ata conseguir a demisión de todo un presidente dos Estados Unidos. Non vou decirlles que estea mal que o periodismo intente de cando en vez derrocar a un presidente…a un presidente americano se entende. Sin embargo a min paréceme mais emocionante a épica cotián decolumnistas que simplemente contan o que pasa, que non çe pouco, e o fan sin perseguir a gloria de deixar na memoria a sua canción, como decía Machado.

Cando un columnista ponse diante dunha pantalla, estamos nun momento trascendental. Pero non porque o mundo poida cambiar  co que escriba. Pouco despois, nalgún momento máxico, un lector descoñecido invertirá uns minutos da sía vida na lectura. ¿Acaso non é una  responsabilidade noito maior que a que tiveron os periodistas aqueles do Washington Post?

O columnista vive de préstamos . Ese lector préstalle o seu tempo, e o periodista colle prestados da realidade anacos de vida, anécdotas, sucesos, tipos, para logo ser reciclados e convertidos nun artículo. Todos eses préstamos fan do periodista un intermediario que fai trascendente o que semellaba banal. É o mesmo que fixo Miguel de Cervantes, transformando episodios sucedidos na España vacía do seu  século en algo inmortal.

Somos prestatarios que vivimos na columna pero non subidos a una columna. Pouco temos que ver con aqules columnistas ermitaños, os chamados estilistas, que vivían enriba de columnas alonxados do mundo. Este outro tipo de columnismo obriga a estar no mundo, formar parte da xente e mesmo a ser una boa persoa. “Para ser un bo periodista hay que ser una boa persoa”, decía Kapuscinski. Ainda que ás veces, engado eu, haxa que disimulalo.

Este é o Día Mundial da Libertade de prensa, é por eso teño a obriga de reivindicar a caar oculta do periodismo. Esa Libertade de Prensa, é practicada e defendida todos os días por periodistas que non son famosos, nin coñecidos, nin premiados, pero que son herois silenciosos desta profesión. Ainda que non teñan una columna co seu nome, representan as auténticas columnas que sosteñen a libertade que hoxe celebramos.

Esa libetade de prensa está defendida por periodistas, por lectores e tamén por políticos. Non comparto a idea de que entre políticos e columnistas exista un  antagonismo casi natural do que hai que facer gala neste tipo de actos. Atópandome aquí con políticos amigos, debo afirmar que a miña experiencia fai que o respecto pola sua profesión aumente, e que aumente tamén o rexeitamento a considerarlos os chivos expiatorios de todos os males que nos ocurren.

Como estos non son os Oscar, nin eu Almodovar, teño que resumir moito os agradecementos. Nunha columna calquera está comprimida a forza dun periodismo coma o galego, que represento na Asociación , en Arturo Maneiro e Ana Roca, e tamén nas miñas amigas e compañeiras Marta Varela, Mar Sánchez e Carmina Escrigas.

A columna forma parte dunha casa, e casas foron e son para min La Voz de Galicia, a televisión de Galicia e Cope Galicia. El Correo Gallego, mais que un fogar periodístico é una familia ondea topo diariamente o aprecio de fantásticos profesionais como Caetano Díaz. Gracias a José Manuel Rey son mais monárquico do que fun. Con xente como o meu director o periodismo e o columnismo teñen os séculos contados.

A miña irmá Paloma veu nacer ao columnista cando me pechaba a  leer una enciclopedia arxentina de papá con titulo inequivocadamente arxentino: Lo sé Todo. E do soriso da miña muller  Mari Re, pode decir como decía o poeta “que me hace libre, me pone alas, soledades me quita, cárcel me arranca”. Son un columnista feliz.

Aquí están amigos aos que quero mencionar como Rafa Sande, Amador de Castro, Pepe Molina e Mariano Gómez Ulla. Gracias por estar aquí, e reitero a mención, xa non como autoridades, sinon como amigos de Alberto Nuñez Feijoo, Francisco Conde, Francisco Vázquez e Corina Porro.

Arturo e a sua directiva tiveron que afrontar una misión imposible porqu é imposible distinguir alguén entre un columnismo coma o galego, que carece de rival en España e no Mundo. Galicia nos dota dunha especial sabiduría e tolerancia, virtudes imprescindibles do columnismo.

Estamos en la plaza de Cervantes y tal circunstancia nos lleva a terminar con una anécdota protagonizada por dos grandes periodistas gallegos: Julio Camba y Augusto Assia. Ambos la han relatado en alguna ocasión. Enero de 1936. Se celebran los funerales por el rey Jorge V. Tras el sepelio, los dos colegas pasean por Londres acompañados por un general de Ferrol llamado Francisco que meses después se haría bastante famoso.

Se encuentran con una mesa petitoria presidida por un grupo de damas inglesas. Camba estampa su firma y los tres se van, pero de inmediato las señoras se abalanzan sobre don Julio, lo abrazan y le piden autógrafos. Sorprendidos de su popularidad, sus acompañantes se acercan al libro de firmas para comprobar que allí figuraba Don Quijote de la Mancha. Para aquellas peticionarias Don Quijote era real. Y Julio Camba no dudó en apropiarse de un personaje de un compañero de profesión llamado Cervantes, a para alcanzar la fama. Prometo solemnemente no hcer lo mismo.

Sintome orgulloso de ser un de vos. Sintome abrumado por ligar o meu nome a José Luis Alvite, periodista total e vital, a José de Cora e aos meus precedores no Premio. Todos somos mitade Don Quixote e mitade Sancho Panza, intentando rescatar do olvido anacos de vida. Gracias. E gracias igualmente porque o premio non sexa póstumo.