José Freire Vázquez

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José Freire Vázquez: "Empresa e Instituciones Empresariales"

Sirvan estas primeras líneas para cumplir una doble función: por un lado, felicitar al Club Financiero Atlántico en su décimo aniversario y, por otro, para agradecerle la oportunidad que me da para plasmar en una publicación que, sin duda, alcanzará un gran prestigio mi idea sobre un tema de tanta importancia y actualidad como es el que sirve de título a este comentario y que, además, coincide con la ponencia estrella del próximo Congreso Gallego de Empresarios, que tendrá lugar en el otoño próximo en la vecina localidad de Ferrol.

Resaltar la importancia y el protagonismo que la empresa tiene en la sociedad actual y la que tendrá en un futuro a corto plazo resulta, cuanto menos, una obviedad.
Después de los últimos acontecimientos que han provocado la caída de los sistemas de economía planificada y la quiebra de la teoría del Estado Bienhechor, el mundo se configuró como una constelación de empresas, al tiempo que se ha demostrado que las leyes del mercado son las más adecuadas para regir la creación y distribución de riqueza. Por ello, empresa es sinónimo de trabajo, de formación y realización profesional del individuo, de investigación, de estímulo al ahorro y, en definitiva, de generación de riqueza individual y social.

Sin embargo, la empresa no puede vivir aislada de su propio entorno; no puede subsistir sola ... Por el contrario, ha de integrarse en colectivos que defienden sus intereses. Esta perentoria  necesidad de integración resulta cada día más patente en una época como la que vivimos, en la que se ha iniciado un camino que no tiene vuelta atrás; me refiero, claro está, a la globalización de la economía, la cual pone de manifiesto la necesidad de formar estructuras empresariales sólidas.

Muchas son las instituciones que posibilitan la integración de las empresas. Ahí están las diferentes fundaciones, las sociedades de opinión, los Clubes Financieros, Las Cámaras de Comercio y, por supuesto, las organizaciones empresariales.
Éstas últimas, con poco más de veinte años de vida, surgieron en el período de la transición  democrática con el objetivo de ser la voz de los empresarios. Por ello, promover la necesaria e imprescindible unidad empresarial e impulsar el desarrollo económico de nuestro País se convirtió, ya en el momento de su nacimiento, en el eje fundamental sobre el que giran todas sus actuaciones, las cuales  se inspiran en una idea-fuerza: la defensa de la libertad empresarial y la libre competencia de mercado, con independencia de que ello se logre por medio de la máxima unión entre todos los empresarios.
Y es que todos debemos ser concurrentes en la idea de que si queremos organizaciones empresariales fuertes y, cada vez, más eficaces, la tarea no ha de ser de unos cuantos, sino de todos, ya que el papel que tenemos que desempeñar dentro de la sociedad es de enorme trascendencia.

Esto me trae a colación aquel tren que iba a llevar a cabo su primer viaje a través de todo el Continente Americano, del cual el presidente Linncoln dijo: "De este tren y, sobre todo, de esta locomotora, depende el futuro bienestar de nuestra Nación". Pues bien, el tren de la economía española lo mueve una locomotora que somos los empresarios. De nosotros, por lo tanto, depende en buena medida el bienestar y el futuro de nuestra sociedad.
Y en base y como consecuencia de los expuesto anteriormente, las organizaciones empresariales tienen que regir su actividad por los siguientes criterios:
    - Ser consecuentes con el imperativo del mayor protagonismo que la sociedad actual ha conferido a las empresas; de tal modo que ellas habrán de incrementar su actividad como reflejo de la nueva posición que ocupan en el entramado social.
    - Las empresas y las organizaciones que las representamos ya no se justifican exclusivamente como contrapoder que sirva de interlocutor ante los poderes públicos o los sindicatos , sino que tienen razón de ser por sí mismas. En este sentido, los acontecimientos económicos que se suceden nos legitiman para extender nuestra actividad a los nuevos campos que van surgiendo  en el contexto socio-económico.
    - Coherentes con dicha filosofía, las organizaciones empresariales deben ser fórmulas de articulación de la sociedad. Por ello, se constituyen en cauce para la expresión y el desarrollo de iniciativas sociales, tanto en el campo económico como en el cultural, en el educativo, en el deportivo, etcétera.
    - Las organizaciones empresariales deben asumir con eficacia su papel de interlocutor de las empresas ante las autoridades y las organizaciones políticas, sindicales y sociales.
    - Asimismo, deben contribuir al cambio de la cultura social imperante, en lo que todavía conserva de recelos o prejuicios contra la libre empresa en áreas específicas como la comunicación, la formación, la investigación, el desarrollo tecnológico o la protección del medioambiente.
    - Por último, las organizaciones empresariales  sirven para promover, junto al cultivo de las relaciones colectivas de trabajo, la relación directa e individualizada entre empresario y trabajador, tanto como forma de mejorar la eficacia productiva como sistema de retribuir con justicia y equidad la intervención de cada asalariado en el proceso de creación de riqueza.

Parece claro, por último, que el fenómeno del asociacionismo empresarial sigue, ahora más que nunca, vigente y en franca progresión. De ahí que nadie dude del protagonismo de nuestras organizaciones como punto de partida para alcanzar un mayor reconocimiento social del importante papel que los empresarios jugamos en la sociedad. Como tampoco se duda de que el fomento del asociacionismo no sólo supone un mayor reconocimiento social, sino una intensificación en las fluidas relaciones que nuestras asociaciones deben mantener con la sociedad y con las instituciones que la representan.